Roma

Después de mucho tiempo de estar hablando de hacer un viaje a Roma.  Como cuna de una civilización de la que tanto hemos heredado y somos descendiente, es un destino al que siempre hemos tenido muchas ganas de ir. ¡Por fin hemos ido!

El Sábado 3/Enero 2009 salimos de Barcelona con un vuelo de clickair, sobre las 7:00 de la mañana. La verdad es que madrugar siempre cuesta pero así se aprovecha mucho más el día. Comentar que por increíble que parezca el vuelo fue puntual, y el precio tampoco nada mal, unos 150€ ida y vuelta, así que ninguna queja en este aspecto.

Siguiendo los consejos que nos habían dado, al llegar al aeropuerto de Fiumicino (Leonardo da Vinci) cogimos directamente el tren desde la terminal hasta la estación central de Roma, Termini. El trayecto cuesta 11€ por viaje y persona, y en algo menos de 40 minutos estás en la ciudad. Es la forma más práctica para ir a la ciudad desde el aeropuerto.

Nos alojamos en el hotel Royal Santina, al lado de la estación central de Termini, un hotel de tres estrellas suficientemente bien en todos los aspectos y por los precios que hay en la ciudad, que nos salió por 99€ la noche.  Las habitaciones no son nada espectaculares y son más bien pequeñas, pero suficientemente prácticas. La decoración necesita un gran cambio, sobretodo en lo que se refiere a las zonas comunes, que están tal como se inauguró el hotel (o al menos lo parece). Con un cambio de cortinas, manteles y sillas puedes cambiar un restaurante por un precio relativamente bajo, a ver si me oyen.

Tuvimos una pequeña incidencia con la reserva: al hotel le habían llegado dos, una a través de Venere y otra que no habíamos hecho, a través de Octopuss. Octopuss es una web de GTA Travel, conocida principalmente por ser unos piratas, tanto en aspectos de precios (conseguir los mejores haciendo alguna que otra jugada con los hoteles) como en no cuidar demasiado a los clientes. Nosotros sin ir más lejos probamos de hacer una reserva a través de ellos (por precio) pero no llegamos a finalizarla, ya que dio errores y el sistema nos dijo que ya no había habitaciones disponibles en el hotel. No nos llegó ninguna confirmación por mail, pero sin embargo al hotel si que le llegó. Por lo tanto, y entiendo al hotel (sic), ellos tenían dos reservas confirmadas al mismo nombre y por lo tanto tenían que cancelar una de las dos, con las consiguientes tasas de cancelación. Por suerte me puse en contacto con Giorgio, un compañero del trabajo al que le doy las gracias también desde aquí, que me hizo el favor de hablar con GTA Travel para aclarar la situación y comentársela al hotel de Roma, que horas después recibió una cancelación sobre esa reserva que nunca se había realizado.

Bueno, mientras estos malentendidos se iban solucionando nosotros ya estábamos andando por la ciudad, ése día con tiempo nublado, pero por suerte los dos siguientes fueron agradablemente soleados.

Después de un par de de equivocaciones encontramos el camino y nuestra primera parada fue en Santa Maria Maggiore. Dice la leyenda que en el año 352 el Papa Liberio tuvo una visión. La Virgen María le encargó construir una iglesia dedicada a ella en un lugar nevado. Esta petición era bastante ambiciosa, ya que apenas nieva en Roma, y mucho menos en verano. Sin embargo, se dice que el 5 de agosto nevó en la Colina Esquilina, y allí fue donde Liberio mandó construir la que se convertiría en una de las cuatro basílicas principales de Roma.

A destacar de Santa Maria Maggiore el mosaico del ábside de Jacopo Torriti del siglo XIII donde se representa a María como una princesa bizantina coronada por Jesús, y también a destacar que en esta basílica se encuentra la tumba de Gian Lorenzo Bernini (y sus antepasados), del que encontraremos muestras de su obra esparcidas por toda Roma.

Uno, como aficionado (o morboso) que es de las reliquias curiosas no quería perderme la posibilidad de ver nada menos que un fragmento de la cuna del niño Jesús, que está en un confesio debajo del altar (adornado por un nada despreciable baldaquino de mármol con cuatro grandes columnas salomónicas). Curiosa también la gran estatua de Pío IX rezando delante de las reliquias.

Santa Maria MaggioreFragmentos de la cuna del niño Jesús

Saliendo de Sant Maria Maggiore deshicimos nuestros pasos y nos dirigimos hacia la Piazza della Republica donde vimos una iglesia que nos llamó la atención, Santa Maria degli Angeli e dei Martiri, sita en las antiguas Terme di Diocleziano (284-305 dc).

Realmente es una iglesia curiosa por todos lados, pues está llena de detalles que nos van a sorprender mucho. De entrada su entrada está construida en un ábside que le da una entrada en forma semicircular a la inversa de lo que estamos acostumbrados. Esta ábside era el antiguo caldarium de las termas, mientras que el vestíbulo correspondía al antiguo tepirarium.

Las proporciones son inmensas. Partiendo del encargo original de 1561 del papa Pío IV a Miguel Ángel, Luigi Vanvitelli cambió el eje de la iglesia, creando un nuevo altar mayor frente al pasillo de la entrada y transformando la nave de Miguel Ángel en un crucero (de más de 90 metros), con ocho columnas de granito de 14 metros que elevan el techo a más de 27 metros de altura.

Pero no son las curiosas proporciones arquitectónicas lo que nos va a sorprender, sino tres elementos totalmente inesperados (al menos por nosotros).

Primeramente están las esculturas incrustadas en las puertas de bronce, altamente modernas para una iglesia con tanta solera. Están realizadas por el escultor polaco Igor Mitoraj considerado uno de los mas grandes representantas de la escultura de estos últimos años.

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Desde la plaza Esedra, con la espalda hacia la fuente, la puerta de la derecha tiene como tema el misterio de la Anunciación del Ángel a la Virgen María: un Ángel puesto en lo alto (hoja izquierda), y María Virgen en escucha . (hoja derecha).

La puerta de la izquierda representa la Resurreccion. La hoja izquierda simboliza el Cristo resucitado, representado por una figura que tiene traspasado en el cuerpo una Cruz, signo natural de unión profunda con la naturaleza humana.

La figura del Cristo resucitado se convierte en una sola cosa con la Cruz, que penetra con profundidad en su mismo cuerpo. Resurrección vista como el triunfo de la Cruz sobre la Muerte y el Mal.

Jesús es concebido como una figura bella y juvenil, purificada por los sufrimientos.

En segundo lugar, sólo al entrar al vestíbulo circular, debe sorprendernos la cantidad de elementos relacionados con la ciencia que vamos a encontrar, y que se muestran a modo de exposición incluso algunos con explicaciones e historia. La ciencia tiene raices en el Inmanente, pero lleva al hombre hacia el trascendente” (Juan Pablo II). No debemos perdernos la cúpula acristalada, La Cupula de Narcissus Quagliata “Luz y Tiempo”, que simula el universo con sus constelaciones y estrellas. Parte integrante de la linterna son tres lentes montados a una altura diferente sobre la superficie del vitral, todos dirigidos hacia el sur: eso hace un verdadero y propio instrumento astronómico proyectado por Salvador Cuevas de la Universidad de México. Los tres lentes focalizan la imagen del sol desviando los rayos hacia abajo, de modo que el sol sea visible claramente como un disco rosa que avanza lentamente sobre el pavimento, creando la sensación del movimiento terrestre en el espacio.El sol alcanza el centro del pavimento en los dos Equinoccios y en los dos Solsticios: cuando eso sucede significa que es el medio día de la hora local en Roma.

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En tercer lugar tenemos que prestar especial atención a las dos meridianas que podemos encontrar en la iglesia, una austral (orientada al sur y que usa rayos solares) y otra boreal (orientada al norte y que proyecta el movimiento de la estrella polar alrededor del polo norte). Creadas por Francesco Bianchini, originario de Verona, prelado con las ordenes menores, astrónomo, cartógrafo, arqueólogo e histórico, por delega dada en el año 1701 por el Papa Clemente XI Albani. Para entender su funcionamiento os recomiendo el cuadro explicativo al lado sur de la meridiana austral o la propia web de la iglesia. Impresionante la labor de labrado y decorado existente alrededor de la meridiana, especialmente los equinoccios, solsticios y fechas especiales. Si podéis aprovechad un día con sol para poder ver como la luz como entra a través del orificio gnómico (a 20,34 metros de altura) se refleja sobre la linea de bronce que va de sur a norte y que mide 44,89 metros.

Desde 1900 Santa Maria degli Angeli es la Iglesia oficial del Estado Italiano y ahí se realizan las ceremonias más importantes.

Nuestra próxima parada estaba un poco lejos y la hora de comer estaba cercana, así que nos fuimos hacia Via Veneto para ver si encontrábamos algún restaurante para luego ya ir directos hacia el Pantheon y sus alrededores. Comimos en el Ristorante Barberini, muy cerca de la plaza de su mismo nombre, en la Via della Purificazione 21. Es un restaurante típicamente romano y totalmente familiar. Estuvo más que bien, a unos precios asequibles y una carta realmente deliciosa, y la señora agradable y amable. Se puede aprovechar los alrededores para visitar la Fontana del Tritone (en la piazza Barberini) o una curiosa fuente de la familia Barberini adornada con sus típicas abejas, la Fontana delle Api.

Colonna de Marco AurelioColumnas corintias de la Piazza di Pietra

Fuimos directamente por Via del Tritone hasta la Piazza Colonna, donde delante del Palazzo Chigi podemos admirar la Colonna di Marco Aurelio, erigida en el 193 d.c. para celebrar la victoria del emperador sobre los marcomanni, una de las tribus bárbaras que empezaban a amenazar a Roma. Saliendo de la Piazza Colonna por la via del Bergamaschi podremos contemplar las 11 columnas corintias de la Piazza di Pietra que están adosadas al muro de la bolsa romana. Estas columnas formaban parte de un templo en honor de Adriano, construido en el 145 d.C. por su sucesor Antonio Pío. Desde aquí podemos ir directamente hasta la Piazza della Rotonda, la bulliciosa plaza atentadas de bares y gente que está delante del Pantheon.

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Primeramente fue un templo pagano dedicado a los dioses y luego se convirtió en una iglesia cristiana. Su arquitectura clásica es digna de mención por sus proporciones, altura y diámetro iguales, y su estructura, circular con un pórtico delantero rectangular acabado con un frontón triangular. La cúpula tiene un diámetro de 43 metros con una abertura, o ojo (oculus), de 9 metros de diámetro. Construido por el emperador y filósofo Adriano entre los años 118 y 125 d.C. el Pantheon se concibió como un edificio astronómico: cada 21 de Junio, al mediodía, el rayo de luz que se filtra desde el oculus llega ante la puerta principal. Una nota curiosa es que las puertas de bronce originales fueron sacadas del Pantheon y utilizadas para la construcción del cañón de Castel Sant’Angelo y las columnas salomónicas del baldaquín de Bernini, en el altar principal de San Pedro. También mencionar que la tumba del pintor Rafael se encuentra dentro del Pantheon.

Después de este recorrido ya no nos quedaban fuerzas para nada más que no fuera volver hacia el hotel, eso si, ya que nos venía de paso, vimos la Piazza Venezia y el Monumento a Vittorio Emanuele II, que, a mi opinión, deberían derrumbar y devolver el espacio a la ciudad, y también entramos en la iglesia de Santa Maria della Vittoria. Es una de las iglesias más antiguas que se pueden encontrar en Roma, construida entre 1608 y 1620, que debe su nombre en conmemoración de una victoria sobre las tropas protestantes en la batalla de la Montaña Blanca cerca de Praga. La decoración es la expresión máxima de la opulencia barroca: mármol, estuco dorado y esculturas y pinturas por todas partes. No queda ni un rincón libre. Mencionar la imagen de la Virgen que se muestra en el enorme sol naciente sobre el altar, el órgano incrustado entre la decoración encima de la entrada a la iglesia, y, como no, el éxtasis de santa Teresa de Lorenzo Bernini, dónde santa Teresa, envuelta en pliegues de mármol, herida por una flecha lanzada por el querubín situado a su izquierda, yace en pleno éxtasis místico (sic).

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Domingo 4/Enero de 2009. Mañana dedicada a la antigua Roma y tarde para los clásicos, así que el día se presentaba bastante apretado. De camino al Coliseo hicimos una breve parada a San Pietro in Vincoli, donde podemos ver el famoso Moisés de Miguel Ángel.

Aconsejo ir a primera hora o correremos el riesgo de encontrarnos con autobuses que van de visita.Yo siempre había pensado que el Moisés era una obra aislada pero no, forma parte de un retablo de mármol situado en la capilla del fondo a la derecha. Como la iluminación no es muy buena nos invitan a encender las luces unos segundos a cambio de unn donativo. Para hacer fotos, casi es mejor hacerlo con la luz ambiental o queda demasiado amarillento. Ah! Dos detalles que no hay que perderse: las cadenas de los dos encarcelamientos de San Pedro (en Jerusalén y en Roma) que, situadas la una junto a la otra, se dice que se fusionaron milagrosamente. De hecho la emperatriz Eudoxia construyó esta iglesia para guardar estas cadenas. Una escultura en uno de los laterales me llamó especialmente la atención: una representación de la muerte que encontré muy vívida.

El Moisésroma-2008-2134

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Desde allí en un momento podemos llegar hasta el Coliseo atravesando el parque que encontramos siguiendo la calle de delante de San Pietro in Vincoli. Poco hay que añadir sobre el Coliseo que no podamos encontrar en las miles de guía o libros.

Pero si un consejo que puede ir muy bien:el acceso al Coliseo, Foro Romano y Monte Palatino se realiza con la misma entrada que se puede adquirir en el Coliseo o en la entrada al Palatino (12€). Sirve para dos días y una vez adquirida puedes ahorrarte las largas colas que encontrarás para entrar en ambos sitios. Pueden visitarse el mismo día, así que lo mejor es adquirirla el día anterior a la visita, a última hora, cuando ya no hay colas.

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Después de un paseo por la Roma más antigua que mejor que sentarse en una terracita, aprovechando el sol, a comerse una focaccia en el café Treatro di Marcello en la vía del mismo nombre. Una vez revitalizados tocaba otro clásico, la Piazza Navona (atestada de tiendas navideñas), no sin antes ver algunas curiosidades como la Fontana delle Tartarughe y sus tortugas (añadidas a posteriori), en la Piazza Mattei.

Desde allí, y ya con un cansancio más que destacable, hicimos un rápido recorrido por tres lugares que no podiamos obviar: la Piazza del Popolo, Piazza de Spagna y la Fontana di Trevi. Mencionar que los tres lugares estaban atestados de turistas como nosotros, y además supongo que mucha gente local que aprovechaba un domingo soleado para salir.

Además habían empezado las rebajas, aunque por los precios que se gastan los italianos no lo parecía. De hecho, en la calle que va desde la Piazza del Popolo hasta la Piazza di Spagna, la via del Babuino, es una de las calle comerciales de alto nivel, donde vimos colas en las tiendas, donde un portero elegantemente vestido iba dejando paso en pequeños grupos para que la compra fuera debidamente ordenada. Una buena medida de la que tomar nota.

Al salir de la Fontana di Trevi hacedlo por la Via Novembre, en la esquina podréis ver Santi Vincenzo e Anastasio, iglesia ortodoxa cedida al gobierno búlgaro por Juan Pablo II en mayo del 2002 como gratitud por el caluroso recibimiento que tubo durante su visita a dicho país ese mismo mes. Es actualmente la iglesia más al este que está bajo la jurisdicción de Patriarca Máximo de Sofía. Fijaos en la valle lateral de la iglesia, donde veréis un sinfín de candados cerrados enganchados en las barras de hierro (tengo que mirar el motivo, se escapa a mi conocimiento).

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Lunes 5/Enero del 2009. Día dedicado al Vaticano, sus museos y la basílica de San Pedro.

Aconsejo totalmente la compra anticipada de las entradas para los museos vaticanos, ya que las colas son realmente impresionantes. Nosotros llegamos sobre las 9:30 y debía haber una cola de unos 200 metros. Unos días antes habíamos comprado las entradas en la web del Vaticano y por lo tanto pudimos entrar directamente. Cobran un sobrecargo por la compra anticipada, pero vale la pena.

Las obras que hay en los museos son impresionantes, no hay otra palabra que lo defina mejor. Hay tal cantidad de esculturas, pinturas, telas, frescos y vamos, de todo, que es inabarcable. No quiero pensar lo que no está en exposición y está guardado en los sótanos. Los museos en si ya son admirables por si mismos, pero la cantidad de objetos que se muestran los dejan en segundo plano.

Aunque a decir verdad, encontré que no hay un trato de deferencia especial hacia las grandes obras que tienen. Tuve la sensación de que estaban amontonadas y colocadas para enseñarlas, pero sin aprecio hacia lo que representan, hacia lo que son o hacia el valor moral (y económico) que tienen. Un poco como “lo tenía por casa y lo puse aquí porqué quedaba bien“. Solo daré un ejemplo que me dejó perplejo. En una de las salas de pintura moderna tienen un par de obras de Dalí, colgadas como un cuadro cualquiera, sin ningún tipo de protección o separación del público. Cualquiera puede ponerles la mano encima o incluso descolgarlas. Lo mismo puedo decir de El Pensador de Rodin. No hay vigilantes ni sensores en prácticamente ningún lugar. Considero que deberían tener más cuidado sobre las obras que tienen, y sobretodo cuidarlas como se merecen. Si, nos guste o no nos guste, son guardianes de la cultura, que se haga bien este trabajo.

Dejando este tema aparte, recomendar que si no se dispone de una guía detallada, adquiráis la de los propios Musei Vaticani, ya que aunque no es completa, si repasa todas las salas y las obras más importantes de cada una de ellas. Toda la visita en si vale la pena, si podéis no os dejéis ninguna sala, haced el recorrido completo. Especialmente mencionable el museo Pío-Clementino, la Galería de los Tapices (aunque no me gustan), la Galería de los Mapas (fijáos en los techos), la colección de arte religioso moderno, el apartamento Borgía y como no, la Capilla Sixtina, que suele estar abarrotada de personas con la mirada al techo.

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Mencionar también que desde los Musei se puede acceder a San Pedro por un acceso lateral o un “atajo” desde la Capilla Sixtina (la salida para grupos) sin necesidad de más colas. Nosotros no hicimos la subida a la cúpula de la basílica porqué era necesario hacer una cola adicional (y pago adicional), pero dicen que merece la pena. En otra ocasión será.

No voy a extenderme tampoco en la basílica de San Pedro, sólo deciros que me impresionó su magnitud, sobretodo por la época en que se construyó (1506-1626), sus dimensiones son inmensas. Fue consagrada el 18 de noviembre de 1626, por el Papa Urbano VIII, exactamente 1300 años después de la consagración de la primera basílica construida por el emperador Constantino.

Toda la basílica en si, y su contenido, es una obra de arte, pero como siempre, tiene sus “atracciones” principales. Bajo mi (ignorante) punto de vista destacaría el impresionante baldacchino hecho por Bernini (recordemos, con el bronce sacado de las puertas del Pantheon), la Pietá de Miguel Angel, la cúpula de Miguel Angel (que proporciona una iluminación extraordinaria), y ya en el exterior, toda la Piazza San Pietro, obra también de Bernini.

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Y después de todo esto solo queda descansar un poco del día, una buena cena y un sueño reparador, que al día siguiente ya toca volver a Barcelona y otra vez a trabajar.

Un viaje escapada de recuerdo, y sin duda repetible. Seguro que quedan cientos y cientos de rincones a descubrir. Como me han dicho en más de una ocasión, la mejor manera de ver y vivir Roma es caminar y callejear todo lo posible. Realmente es así.

Si queréis podéis ver una selección fotográfica del viaje.

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